Cuidadín con el cerebro
En esta publicación me gustaría reflexionar un poco sobre nosotros mismos. La vorágine del tiempo actual nos lo impide, así que os invito a dedicarle unos minutos.
Pido disculpas de antemano por si este texto cae en manos de algún experto en el tema. Le ruego sea complaciente si ve alguna imprecisión o incluso disparate. Téngase en cuenta que solo soy un pensador aficionado, aprendiz de todo y maestro de nada. En cualquier caso está invitado a dejar su opinión en los comentarios.
Comenzaré por el principio cuando éramos poco más que una ameba. Me he ido muy atrás, pero intentaré no hacer esto demasiado largo. Quiero dejar algo de tiempo para que podamos perderlo rascando la tripa a nuestros móviles.
Pues bien, cuando en la tierra había poco más que organismos unicelulares o simples virus, es decir, la forma más simple de vida, estos seres ya estaban dotados de mecanismos de interacción con el entorno, básicamente sensores para captar información del entorno y algún tipo de solución motora para moverse y capturar nutrientes.
En base a la información captada por los sensores (luz, sensores químicos, etc) el organismo tomaba la decisión de desplazarse y/o alimentarse.
Debido a las características del ser vivo, éste tiende a buscar su supervivencia mejorándose a sí mismo. Darwin descubrió cómo lo hacía a través del proceso de la evolución.
Gracias a este mecanismo evolutivo, la relación entre el estímulo captado por los sensores del ser vivo y su respuesta, se fue sofisticando y haciéndose más inteligente.
Dicho de otra forma, el sistema nervioso que conectaba entidades sensoras y entidades motoras del ser vivo se fue haciendo más complejo. Así, si inicialmente teníamos una relación directa e instantánea entre el estímulo y la respuesta, se fue añadiendo una entidad intermedia de procesamiento, de tal forma que tras el estímulo había un procesamiento de la información para posteriormente decidir la respuesta.
Nosotros hemos heredado de esa primera etapa en la que no había procesamiento entre la información del estímulo y la respuesta, todo un conjunto de actos reflejos (retirar la mano rápidamente si algo quema) en la que no hay procesamiento del estímulo.
Ese sistema de procesamiento se fue haciendo más complejo hasta llegar al culmen (que conozcamos) en el cerebro humano.
Pero el cerebro no es más que un mecanismo de procesamiento de la información muy complejo que tiene como objetivo garantizar la supervivencia del individuo y de sus genes.
La obsesión que tienen los seres vivos (ya sean unicelulares o pluricelulares) por sobrevivir me fascina. Me gustaría saber la opinión de los materialistas, porque si solo existe la materia y lo que vemos en el mundo físico, ¿por qué esa obsesión de la materia por autoorganizarse en entes vivos que nacen, crecen y se reproducen? Si solo hay materia, ¿qué más le da a la materia estar viva que estar muerta?
¿Por qué esa obsesión que tiene la vida de contravenir (al menos local y temporalmente) la segunda ley de la termodinámica (el desorden de un sistema siempre aumenta) haciendo que el orden dentro del ser vivo sea inmenso?
Así que el cerebro, que es un sistema nervioso enrollado sobre sí mismo (permítaseme la simpleza), que está entre medias de los dispositivos sensores y los dispositivos motores, no tiene otro objetivo que garantizar su supervivencia.
Ahora bien, ¿qué hace un cerebro enormemente complejo cuando la supervivencia está garantizada?
Buena pregunta, ¿no? y yo me atrevería a dar esta respuesta: fastidiar.
Y fastidia de muchas maneras. El mecanismo de insatisfacción es el que incita al progreso y a iniciar acciones relacionadas con el progreso y lo hace con la desagradable sensación de infelicidad. Naturalmente, el cerebro identifica el progreso como una situación futura con más posibilidades de supervivencia.
Otro mecanismo es la imaginación. Gracias a este mecanismo, el cerebro es capaz de simular distintas posibilidades futuras partiendo de la situación actual. Dentro de todas esas posibilidades futuras, el cerebro escoge las peores para que sea posible elaborar un plan de contingencia que aumente las posibilidades de supervivencia ante tales situaciones.
Así que un cerebro funcionando en un mundo sin peligros aparentes es un cerebro que fastidia mientras imagina las cosas más negativas posibles y genera una profunda sensación de insatisfacción que nunca se puede cubrir.
Esto, a mi juicio, explicaría por qué las enfermedades mentales (depresiones y otras) son más frecuentes en las sociedades avanzadas (prácticamente sin peligros reales) que en las sociedades primitivas (si no estás al loro, te zampan).
Si nos limitamos a dar al cerebro una función biológica como hemos intentado hacer hasta ahora, creo que lo llevamos crudo y poco podríamos hacer para buscar la felicidad porque de hecho si el cerebro estuviera en una situación en la que todo parece ir bien, se las apañaría para imaginarse una situación de peligro que habría que resolver. Es decir, generaría automáticamente miedo e insatisfacción ante no se sabe qué. ¿Una especie de ansiedad existencial?
Creo yo que debemos recurrir a instancias más altas que están por encima del cerebro para intentar encontrar la felicidad. Esas instancias más altas han recibido distintos nombres: voluntad, super ego, alma, conciencia, supraconciencia. No nos vamos a meter en el jardín florido de donde residen esas entidades, si forman parte del propio cerebro o residen en algún otro lugar.
Recordemos que un pedazo de cerebro como el de Gödel, probablemente el más brillante matemático del siglo XX y amigo personal de Einstein, dijo que la biología del cerebro no era lo suficientemente compleja como para justificar las capacidades del mismo.
Y aquí es donde yo quería llegar. Alguien ha dicho que el cerebro (o la mente) es un buen criado pero un mal amo.
Intuyo que no es posible dejar al cerebro al mando, salvo que queramos estar en una depresión e insatisfacción perpetua. Esas instancias superiores, digamos voluntad, deben tomar el mando, racionalizar las situaciones (ojo, sí, he dicho racionalizar, porque el cerebro no siempre es racional, recordemos su objetivo de supervivencia), y decirle al cerebro a qué se debe dedicar (aquí será el momento de negarle al cerebro el gustazo de coger el móvil para satisfacer su insaciable apetito de información o impedirle regodearse en las noticias negativas mientras busca alguna lección que le ayude a sobrevivir o no dejarle rebuscar la opción más negativa e improbable ante una situación de incertidumbre -ejemplo: Fulanito tarda, ¿y si le ha atropellado un coche?)
Si nuestra voluntad no toma el control, será el propio cerebro el que se busque su ocupación (miedos) y no será bueno para nosotros. Cuidadín con el cerebro.
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