Enfrentamientos autodestructivos
Le pedí a una de las IAs gratuitas (esto de las IAs gratuitas también da para algún post) que me hiciera unas viñetas que mostraran la estupidez humana. Le dí el guión y lo que quería que dibujara y sacó esto que pongo aquí. Bastante logrado para el poco rato que le dediqué.
Lo que quería mostrar es cómo hemos degenerado tanto que en lugar de enfrentarnos a los problemas de enjundia nos enzarzamos en discusiones absurdas e inútiles intentando identificar las causas o los culpables.
Mientras discutimos, el problema nos devora. Parece como si el hecho de tener razón y quitársela a mi contrincante fuera motivo suficiente para perder mi propia vida.
En la primera tira, los contertulios ignoran que van a ser arrollados mientras dilucidan la causa de su arrollamiento y en la segunda tira, van a ser devorados por las llamas de los múltiples incendios mientras discuten si existe o no cambio climático.
Esto último nos ha pasado este verano, que tras los gigantescos incendios, las correspondientes ideologías se han puesto a discutir sobre el tema. Señores: seguro que hay o no hay cambio climático, pero lo que es un hecho es que algo pasa ahora que antes no pasaba. Solucionémoslo. Pongamos los medios. Ya pasó en el verano pasado. Ha pasado en este verano y me temo que, como los señores de la viñeta, volverá a pasar el año que viene mientras nos entretenemos discutiendo sobre si hay o no hay cambio climático y si lo hay si tiene origen antropogénico o es natural siguiendo unos ciclos que desconocemos.
Pero, ¿qué es lo que ha hecho que lleguemos a este grado de estupidez humana, que sin duda pondrá en juego la supervivencia de nuestra especie (o si no de la especie como tal, la de un buen número de individuos)?
Habrá muchas causas, naturalmente, pero a mí me gustaría centrarme en una: nuestros dirigentes, especialmente los de las democracias occidentales.
Los políticos deberían ser personas extraídas de la sociedad civil, con una formación, un trabajo y una vocación de servicio hacia sus congéneres. Personas conectadas con la realidad y con la aspiración de hacer de su país un lugar mejor en el que vivir.
Si echamos la vista atrás podríamos encontrar personas así en el pasado cercano.
Tras la segunda guerra mundial el plan Marshall americano ayudó a la maltrecha Europa a salir adelante.
Todos ganaron. Europa salió con fuerza a la vez que Estados Unidos encontraba un nuevo e importante mercado en el que colocar sus productos y extender su influencia.
La socialdemocracia, ayudada por otras fuerzas políticas, instauró en Europa un estado del bienestar que fue la envidia del mundo.
En España, múltiples políticos de todo signo arrimaron el hombro para sacar a España de la dictadura y sostener una democracia tambaleante entre atentados sangrientos e intentonas golpistas, todo ello sazonado con una importante crisis económica.
¿Qué tenían en común todos aquellos políticos europeos, americanos y españoles? Todos habían, si no conocido los horrores de la guerra de forma directa, al menos los habían oído de primera mano. Todos tenían un ideario de progreso colectivo porque sabían lo que era la destrucción colectiva. En una guerra pueden perder hasta los más ricos.
Las nuevas generaciones de políticos olvidaron lo que es la guerra. Ya no eran personas surgidas de la sociedad civil, ingenieros, arquitectos, catedráticos, abogados, médicos que salían de sus trabajos para intentar conseguir que su país prosperase.
Eran profesionales de la política educados desde el primer momento para ser políticos, expertos en las técnicas de márketing en la que el producto que se compra y se vende somos nosotros. Eran expertos en medios de comunicación y supieron que la forma de conseguir votos era controlar los periódicos, las televisiones y las redes sociales.
No eran expertos en industria capaces de industrializar el país, ni expertos en sanidad capaces de organizar la medicina pública, ni expertos en economía capaces de controlar la inflación a la vez que elevan el nivel de vida de los ciudadanos.
No, no eran expertos en nada de lo que necesita un país para prosperar. Eran expertos en manipularnos para que les demos el voto. Y ese es su único objetivo.
Como es lo único que saben hacer, en ello les va la vida. Ser o no ser elegidos es la diferencia entre vivir muy bien o comerse los mocos. Por eso, para salir elegidos, extorsionan, engañan, roban y quién sabe qué cosas más.
Las técnicas que usan se llaman ideologías. En ellas aleccionan a los votantes y lejos de transformarles en seres pensantes, intentan convertirlos en adeptos, como si de una secta se tratara. Por eso, destierran el sentido común que haría que mandáramos a muchos de ellos a freír espárragos
Esas ideologías, que se centran en una visión muy parcial de la realidad, lejos de buscar soluciones, enfrentan a los distintos adeptos, y de esta forma tan sencilla hemos cerrado el círculo y nos encontramos de nuevo en las viñetas con las que empezamos.
Ahora nos peleamos por todo y no nos unimos para trabajar por nada.
Pero ¿qué podemos hacer nosotros para detener esta deriva autodestructiva en la que nos hemos metido?
Poco y mucho. Depende de cuantos lo hagamos.
Sugiero:
Informarse: Buscar un medio plural en el que informarnos puesto que los distintos políticos se han dedicado a colonizar medios que defienden su ideología. Si no encontramos ningún medio plural, sugiero informarse en varios de distintas ideologías y usar nuestro sentido común para encontrar el punto medio que más se acerque a la realidad
No enfrentarse a nadie. El enfrentamiento es la técnica que usan los políticos para asegurar su supervivencia. Muy al contrario, siguiendo el punto anterior, los que piensan distinto a nosotros pueden tener algún punto de vista que nos enriquezca. Enriquecerse, formarse, debería ser el objetivo de cualquier votante que se precie.
Exigir resultados y responsabilidades a los políticos que hemos votado. No a los que no hemos votado, (esos no nos deben nada) y cambiar el sentido de nuestro voto si nos defraudan. Basta una legislatura para darse cuenta de si responden o no.
Necesitamos volver a aquellos políticos que tenían como objetivo el progreso de su país, políticos con vocación de servicio. ¿Seremos capaces de volver a ellos antes de que una guerra o una catástrofe similar nos despierte de nuestra abulia?
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