La madre de todos los cambios


 Es urgente legislar la Inteligencia Artificial.

Entiendo que nuestros políticos prefieran insultarse y airear los trapos sucios del contrario en el Congreso en vez de hacer su trabajo que es el de legislar.

Para insultar y airear los trapos sucios de otros no hacen falta estudios, ni siquiera hace falta prepararse el debate, porque los insultos salen solos. En cambio, para legislar intentando solucionar los miles de problemas que tenemos los ciudadanos hace falta trabajar, estudiar, informarse, consensuar, reunirse, etc, etc. 


Normal que ellos prefieran insultarse como si fueran niños malcriados y estuvieran en el patio del colegio. 

Es cierto que dan un ejemplo lamentable a la sociedad, especialmente a los más jóvenes, pero ¿qué más les da? Su buen sueldo está garantizado. Y eso que ellos representan la autoridad que emana del pueblo, de los niños y de los ancianos, de los ricos y de los pobres, de los sanos y de los enfermos, de las mujeres y de los hombres. Sin duda han perdido la poca vergüenza que nunca tuvieron.


Una de esas cosas que urge legislar es la inteligencia artificial y sus consecuencias. La IA va a provocar grandes cambios en la sociedad para los que no sé si estamos preparados. Bueno, sí lo sé: No estamos preparados. 


Se argumenta que en el pasado ya hubo grandes cambios y la sociedad supo adaptarse a ellos y que nos adaptaremos ahora también. La imprenta, que acabó con todos los amanuenses en los conventos copiando libros, la revolución industrial, que cambió la estructura de la sociedad... 

Cierto, esos fueron grandes cambios que acabaron con trabajos casi milenarios y se crearon nuevos, pero mucho me temo que no estemos ante un cambio más, estamos ante El Cambio, o mejor, si usamos un tinte amarillista: La madre de todos los cambios.


La IA acabará con la mayor parte de los puestos de trabajo. Ya se está viendo y estamos en los comienzos. 

En varias ciudades estadounidenses ya circulan los taxis autónomos y en Europa, incluido Madrid, circularán en poco tiempo los taxis sin conductor. Si no lo hacen ya no es por problemas tecnológicos (la tecnología está más que probada) sino por problemas estrictamente burocráticos y decisiones financieras.

Luego en unos pocos años, olvídense de charlar con su taxista favorito (es posible que pueda hacerlo con una IA dentro del taxi). 

Si eso ocurre con el taxi, podemos imaginar lo que ocurrirá con los camioneros, los conductores de autobuses, los repartidores de paquetes, etc.


Las tareas administrativas las hará mejor una IA que una persona. Ya las hace mejor, sin errores. Por ejemplo, llevo varias llamadas realizadas a la administración de mi comunidad porque no recibo por correo electrónico la información referida a mi comunidad sino la de otra. Cuando les llamo me dicen que todo está bien, pero el hecho es que el error persiste. 

Eso no le pasaría a una IA administrativa.


En medicina veremos cambios revolucionarios. Serán necesarios muchos menos profesionales. En la arquitectura o en la ingeniería, también pues la propia IA será capaz, es capaz ya, de diseñar edificios, puentes o programas para mejorarse a sí misma.


Si combinamos la inteligencia artificial con la robótica, el cambio no es mayúsculo, es que es existencial. Algunas grandes corporaciones están metiendo mucha pasta en el desarrollo de robots humanoides. El mayor problema de esta tecnología es que es cara porque cada robot lleva un hardware muy complejo que incluye muchos servomotores cuidadosamente diseñados, pero la economía de escala hará que se abaraten. La mezcla de la IA y la robótica es explosiva.


Imaginemos un robot peluquero (no es necesario que sea humanoide) podría ser una especie de casco como los antiguos cascos secadores. 

Una vez que tienes un millón de robots peluqueros, puedes enseñarles a todos de golpe un nuevo tipo de corte o de peinado.


Veamos la situación desde el punto de vista del empresario, usemos el mismo ejemplo de la peluquería. 

Un pequeño empresario tiene una peluquería que atiende él mismo. Ve que tiene clientes suficientes para contratar a una persona. Hace sus cuentas y descontados los gastos podría incrementar sus beneficios un 20%. Ya ha tenido en cuenta los altos costes de la Seguridad Social pero no ha tenido en cuenta, porque eso no es posible, el coste del absentismo laboral, coste económico y coste organizativo, es decir como cancela y reprograma con sus clientes las citas en caso de ausencia del empleado.

Se pone a pensar y decide que para incrementar sus beneficios solo un 20% no le compensa contratar una persona y correr los riesgos de que el nuevo empleado la cague con un cliente o llegue tarde, de su  absentismo o simplemente el riesgo de que el negocio empeore y tenga que despedirle.


Si a este pequeño empresario se le ofrece un robot peluquero por 100.000 euros por ejemplo, puede hacer sus cuentas, y si le salen irá por esa vía porque no tiene costes ocultos ni riesgos añadidos. La idea es que el cliente elige su corte de pelo en una pantalla (con su propia cara) y el robot se lo deja exactamente así, sin error. 

El robot no llega tarde, no se ausenta, no se despista, no se entretiene.


Pero el modelo de negocio que triunfaría no sería este del pequeño empresario, sino que grandes compañías montarían cadenas de peluquerías con miles de robots peluqueros, relegando al pequeño empresario. Serían locales desatendidos y vigilados por IAs que llamarían a la policía si ocurre algo raro (otro sector, el de la seguridad que sufrirá cambios drásticos).

En esos locales habría únicamente unos cómodos sillones con su correspondiente casco-robot-peluquero y el cliente los habría reservado en una app en la que previamente, y haciendo uso de la cámara frontal de su móvil habría seleccionado el corte, color y peinado de su pelo, superponiendo a la imagen de su cara el resultado de su selección. Una selección que puede cambiar una y otra vez hasta que encuentra la que le gusta. 

A la hora elegida, se sienta en su cómodo sillón-robot peluquero y le deja el pelo exactamente, sin error, con el peinado, corte y color que previamente seleccionó en su app. Por supuesto, la app descuenta de su tarjeta de crédito el importe correspondiente al servicio.


Cambiemos al sector de los teleoperadores. Las empresas que los usan están metiendo bastante pasta para empezar a sustituir a los operadores humanos por programas de IA. Las antiguas y odiosas máquinas parlantes van a ser sustituidas por IAs que cada vez se parecen más a un humano hablando y escuchando. 

Imaginemos las posibilidades: Llamas a tu compañía de seguro y no tienes que esperar a que te atiendan, descuelgan directamente y por el número llamante, la IA te identifica y te dice Buenos días Antonio, encantado de oirte de nuevo, ¿en qué puedo ayudarte hoy?


En la industria, una fábrica recibiría los suministros en camiones autónomos, sería descargado por robots o toros mecánicos autoconducidos, otros robots ensamblarían las piezas y los productos fabricados se cargarían en más camiones autoconducidos que los repartirían a los distribuidores y minoristas. El empresario, en su empresa sin departamento de recursos humanos, se limitaría a ver como se engorda la cuenta de resultados.


Hemos mencionado bastantes sectores con algún ejemplo. ¿Puede competir el humano con el robot dotado de IA? Obviamente, no. 


¿Cuál es la consecuencia evidente? Muchos empleos van a desaparecer. ¿No debería ya el legislador pensar en eso?

Por tanto, en no muchos años, si no se hace nada, el mundo estará formado por tres capas sociales:

  1. Veinte hiperricos excentricos y engreídos en grado estratosférico que dominan el mundo y lo someten a sus caprichos (conquistar Marte o que la plebe coma insectos, por ejemplo)

  2. Un ejército de lameculos al servicio de los veinte hiperricos entre los que se incluyen los políticos y altos funcionarios de las administraciones públicas..

  3. Una masa inmensa de pobres alienados, desmotivados y embrutecidos solo mantenidos por la asistencia social.


Naturalmente la clase media desaparece y lo más parecido que lo sustituye es ese ejército de lameculos al servicio de los hiperricos.


Para evitar este desagradable futuro, ¿no se debería estar pensando ya en incentivar la contratación de personas y desincentivar la “contratación” de IAs? 

Así puede quedar feo, digamos que el legislador tendría que asegurarse que la diferencia entre contratar personas e IAs es menor 

Por ejemplo, para el empresario que contrata personas:

  • Bajando las cotizaciones sociales.

  • Reduciendo los riesgos del absentismo (curiosamente el absentismo se ha duplicado desde la pandemia, algo se está haciendo mal y alguien debería estar pensando en como arreglarlo en lugar de buscar una forma más impactante de insultar), asumiendo el estado los costes

  • Reduciendo los costes de despido asumiendo el estado los costes.


Para el empresario que “contrata” IAS, los beneficios que obtiene deben repartirse entre la empresa y la sociedad

  • Pagando cotizaciones a la Seguridad Social en función de los empleados que reemplaza

  • Pagando impuestos adicionales


Aún así el número de desempleados se incrementará enormemente y, suponiendo que el estado ha legislado para recaudar lo suficiente de las nuevas empresas hipertecnológicas como para dar una vida digna a los desempleados o empleados con mucho ocio, surge un nuevo problema: Motivar a una masa enorme de población con mucho tiempo libre. No bastará tenerles entretenidos viendo series, mirando las redes sociales o comiendo guarrerías ultraprocesadas generadas en fábricas robotizadas. 

Es este otro grave problema en el que pensar en lugar de escupirse unos a otros los distintos casos de corrupción


Y en toda esta exposición no hemos tenido en cuenta el uso malintencionado de la IA. La IA es una tecnología muy potente que es fácilmente accesible para el malvado. Ha habido otras tecnologías potentes en el pasado, pero todas ellas exigían un esfuerzo muy costoso para acceder a ellas y no cualquier mindundi con mala idea podía disponer de ellas, por ejemplo la energía nuclear, armas biológicas, etc. NO ocurre así con la IA.

Fijémonos si no hay terreno para legislar aquí también .


Y solo hemos tratado uno de los muchos temas urgentes e importantes que deben ser pensados cuidadosamente. 

¿No deberían nuestros legisladores insultarse menos y trabajar más?


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